Broken Finger
La materia como acto de resistencia
Imágenes: Barita Estudio
Modelo: Ana González
En esta edición de In Focus, XYZ pone la mirada en Yōkai, la nueva y más ambiciosa colección de Broken Finger, un proyecto que consolida a la firma murciana como una de las propuestas más singulares del panorama creativo de Km0. Inspirada en las criaturas fantasmagóricas del folclore japonés, la colección reinterpreta siluetas tradicionales, como el kimono, el haori o el hakama, desde un lenguaje contemporáneo que combina artesanía, experimentación y una estética depurada. Entrevistamos a Miriam García, creadora de la marca.
¿Qué emoción te gustaría que sintiera alguien al ponerse una prenda de Broken Finger por primera vez?
Al tener una tienda taller en esta ciudad, y dicho de una forma ingeniosa, me considero una forajida con mi marca. En ese sentido, las personas que reciben mi ropa las considero en cierta manera cómplices de mi rebelión. Cuando finalizo una colección, suelo asumir que esa ropa está aún incompleta. La creación surge cuando la ropa entra en contacto con quien la usa y se produce algún tipo de reacción química, dicho de otra manera, esas prendas se completan con quien la usa como cómplice.
¿Qué virtud artesanal valoras más en ti misma como diseñadora?
La disciplina como paciencia obsesiva, no delego ningún proceso, ni patronaje, ni confección de prendas…me cuesta mucho delegar, eso me ha llevado a estar siempre en constante formación. De hacer y deshacer hasta que la pieza encuentre su forma verdadera, aunque eso signifique empezar de cero. Aceptar que una sola prenda puede llevarme semanas porque cada puntada, cada pieza, cada tratamiento de superficie requiere tiempo.
¿Qué rasgo de los yōkai sientes más cercano a tu propia forma de crear?
Me siento especialmente identificada con la capacidad de transformación y metamorfosis de los yōkai. En mis procesos, las piezas nunca están completamente definidas: van mutando sobre la mesa de trabajo, respondiendo a lo que el textil me pide, a cómo reacciona. Un bordado que planifico de una forma termina siendo completamente distinto cuando la aguja empieza a moverse. Los yōkai nacen de la observación atenta de lo cotidiano, un objeto olvidado que cobra vida, una sombra que se transforma. Mi trabajo también parte de ese mirar lento: un resto de pieza textil de una fábrica, una imperfección en el tejido, un gesto manual que se repite hasta convertirse en textura. Quería mantenerme fiel al espíritu melancólico de los neutros oscuros, por lo que elegí texturas que transmitieran una atmósfera similar.
¿Cuál es tu mayor obsesión estética ahora mismo?
Quizás que la ropa brinde libertad de movimiento, sin artificios y sin restricciones. la búsqueda de prendas que resulten cálidas, acogedoras y protectoras.
¿Qué “imperfección” consideras más hermosa?
La belleza está en lo irreproducible. En aquello que, si volviese a intentar repetir, nunca saldría exactamente igual. Eso es lo que hace que cada prenda sea única de verdad, no como eslogan comercial, sino como realidad física. También me fascina la irregularidad en los botones de cerámica pintados a mano. Nunca son exactamente iguales entre sí, aunque lo intente. Cada uno tiene una densidad de color diferente, una forma sutilmente distinta. Cuando los coloco en una prenda, esa familia de "casi iguales" cuenta una historia mucho más honesta que la perfección industrial.
Si tuvieras que definir tu trabajo en una sola palabra, ¿cuál sería y por qué?
Propósito. Es el timón que guía la trayectoria vital de una persona. El trabajo sólo adquiere sentido y dirección si tiene un propósito, especialmente cuando se trata de iniciativas creativas. Cuando las cosas se ponen difíciles, lo único que queda para impulsarte hacia adelante es una causa justa y crear desde una perspectiva única que enriquezca la vida de tu clientela a través de las prendas que compran y usan. Todo lo demás es una mercancía mediocre sin más.
¿Qué te da paz en medio de un proceso tan minucioso y exigente como esta colección?
Disfruto mucho viendo cómo el concepto de una colección se hace realidad. En su forma más pura, las creaciones, objetos y artefactos únicos, brindan al espectador esperanza y optimismo, o a veces incluso escapismo para afrontar tiempos complicados. Si bien puede ser casi ingenuo pensar que la moda se creó únicamente por el amor sincero al diseño, la artesanía y la estética, debería ofrecer una perspectiva o valor que la coloque por encima de los productos comercializados.
¿Cuál es el gesto manual que más disfrutas y el que más te cuesta abandonar?
El despiece de un boceto transformándolo en un patrón, esa parte de la tridimensionalidad llevarla a 2D para construir volúmenes.
¿Qué miedo creativo has conseguido transformar en fuerza durante la creación de Yōkai?
Siempre me pregunto si debería seguir en esto, he reflexionado mucho sobre esta industria feroz que llamamos moda y con la que me enfurezco habitualmente. Desde la perspectiva de una pequeña marca, este sector está perdiendo su atractivo para las independientes. La moda se ha convertido en una celebración de la imagen por encima de la sustancia. Tras haber aprendido un par de cosas sobre la fabricación de ropa, la mayoría de los productos de lujo son decepcionantes, sabiendo que las empresas ofrecen productos mediocres con empaques sofisticados y publicidad atractiva para justificar precios elevados. Como en cualquier industria del sistema económico neoliberal del siglo XXI, el empaque y el ajetreo priman sobre el producto y sobre la calidad incluso en las grandes firmas, y frente a eso sólo queda diseñar con humildad e intentar conseguir la excelencia.
Si una prenda pudiera conservar un recuerdo tuyo, ¿qué te gustaría que guardara?
Me gustaría que la prenda guardara la concentración absoluta de esas muchas horas de dedicación que ha llevado.
Broken Finger
Es un proyecto fundado y dirigido por la diseñadora Miriam García, un concepto de moda que sitúa la artesanía experimental en el centro de su práctica creativa. Desde su origen, la marca se ha construido como un espacio de resistencia frente a la producción industrial, entendiendo cada prenda como un objeto narrativo resultado de procesos manuales lentos, meticulosos y conscientes. Broken Finger rechaza la sobreproducción: cada pieza existe como prototipo único o en series extremadamente limitadas, consolidando un modelo de creación donde la autenticidad prima sobre la producción. Este enfoque no es nostálgico, sino una declaración de intenciones sobre cómo entender la moda como disciplina vinculada al tiempo real , al trabajo manual y a la materialidad consciente. Todo el patronaje, corte de piezas y confección, se realizan en el taller, reduciendo así los residuos generados gracias a un control de marcadas.