Coreografías de la Materia

Del 16 de octubre al 19 de diciembre

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Coreografías de la materia

Con Juan Belando, DelAmorYlaBelleza, Elena Azzedín y NastPlas

Coreografías de la materia parte de una pregunta: ¿qué entendemos hoy por escultura? Más allá del objeto estable y autónomo, la exposición propone pensarla como una práctica capaz de expandirse hacia otros materiales, tecnologías, cuerpos y formas de ocupar el espacio.

Acero, cerámica, tejido y formas nacidas en entornos digitales articulan las propuestas de Juan Belando, DelAmorYlaBelleza, Elena Azzedín y NastPlas. Cuatro aproximaciones muy distintas que comparten una atención especial a los procesos de transformación de la materia y a las relaciones que esta establece con el tiempo, el espacio y el entorno.

Juan Belando trabaja desde una relación física y directa con el acero. A través del corte, la soldadura, la textura y el color transforma la rigidez del metal en formas donde conviven peso, equilibrio y fragilidad, incorporando además reflexiones sobre nuestra relación con otras especies y con el entorno.

En la práctica de DelAmorYlaBelleza, la cerámica funciona como archivo y memoria material. Carlos Jiménez Cenamor incorpora a sus piezas pequeños fragmentos encontrados durante sus recorridos —piedras, restos cerámicos, vidrio y otros materiales—, construyendo una suerte de cartografía tridimensional en la que paisaje, tiempo y experiencia quedan fijados en la materia.

Elena Azzedín explora el potencial escultórico del tejido. Sus intervenciones convierten hilos y fibras en estructuras capaces de atravesar y transformar la arquitectura. Vallas y elementos destinados inicialmente a separar se convierten así en superficies permeables donde lo frágil adquiere resistencia y el gesto de tejer funciona como una forma de conexión.

El trabajo de NastPlas, proyecto formado por Fran Rodríguez Learte y Natalia Molinos García, se desarrolla entre CGI, inteligencia artificial, escultura digital y técnicas físicas. Sus formas pueden surgir primero en entornos virtuales para adquirir después volumen y presencia espacial, explorando territorios híbridos donde biología, tecnología y materia dejan de funcionar como categorías separadas.

La exposición se prolonga además mediante una serie de intervenciones vinculadas al cuerpo y al sonido. El coreógrafo Mario G. Sáez, de la compañía Erre que erre, introduce el movimiento como una forma de escultura temporal capaz de reorganizar continuamente el espacio. Por su parte, Selu Herráiz y Susana López exploran el sonido como materia física: vibración, propagación, escucha y dispositivos construidos se convierten en otras maneras de intervenir y transformar la arquitectura.

Coreografías de la materia entiende así la escultura expandida no como una categoría cerrada, sino como una forma de pensar relaciones entre materia y espacio, cuerpo y arquitectura, naturaleza y tecnología.