Elena Azzedín
En el trabajo de Elena Azzedín, la materia se construye a partir de un gesto repetido: tejer. Hilo tras hilo, el tejido deja de funcionar únicamente como superficie para convertirse en estructura, volumen y forma de ocupación del espacio. Su práctica explora el potencial escultórico del textil, desplazándolo de su asociación histórica con lo doméstico, lo frágil y lo privado hacia el espacio público y colectivo. Tejer significa aquí unir, tensar, atravesar y conectar; convertir elementos aislados en una trama capaz de sostenerse.
Esta lógica adquiere una dimensión especialmente significativa en sus intervenciones sobre vallas y estructuras arquitectónicas. Elementos concebidos para delimitar, separar o impedir el paso se transforman mediante el tejido en superficies permeables y relacionales. La artista habla de “unir lo frágil para hacerlo resistente”, una idea que atraviesa tanto su trabajo material como su interés por trasladar lo íntimo al espacio público y convertir la experiencia individual en algo compartido. El tejido no se limita a ocupar el espacio, sino que lo modifica, lo conecta y altera temporalmente su función.