Entrevista a Buj Studio
El cuerpo como interfaz material
Por Belén Vera
La práctica de Raquel Buj, al frente de BUJ Studio, se mueve en un territorio híbrido donde arquitectura, moda y experimentación material se entrelazan. Su trabajo atraviesa disciplinas —diseño, escultura, performance—, pero mantiene un mismo eje: pensar el cuerpo como un espacio de relación con el entorno. Sus piezas no se limitan a vestirlo, sino que lo expanden, lo prolongan y lo ponen en contacto con sistemas materiales, tecnológicos y biológicos.
Formada en arquitectura, su transición hacia el diseño experimental responde a una ruptura a la necesidad de recuperar una relación directa con la materia. “Cuando trabajaba en arquitectura sentía que esa conexión se diluía. Dibujas, proyectas, pero finalmente son otros quienes construyen. Necesitaba volver a un proceso más físico, más intuitivo”, explica. Ese desplazamiento la llevó a explorar el cuerpo como una escala intermedia, un lugar desde el que repensar la arquitectura desde lo cercano, lo sensible y lo tangible.
En BUJ Studio, el material se convierte en punto de partida. Frente a procesos más convencionales, donde la idea precede a la forma, su práctica se articula a partir de la experimentación directa: pruebas, errores, transformaciones. “Los propios test materiales nos llevan a decisiones que no son solo formales, sino también conceptuales”, señala. Este enfoque mantiene el proceso abierto, permitiendo que las piezas evolucionen sin estar completamente definidas.
Su investigación se centra especialmente en biomateriales, textiles reciclados y compuestos desarrollados en el propio estudio. Esta elección va más allá de lo técnico y responde a una forma de posicionarse frente a un sistema productivo acelerado y desvinculado de la materia. “Vivimos en un mundo con muy poca conexión con los materiales”, afirma, apuntando a la necesidad de reconstruir esa relación desde la atención, el tiempo y la sensibilidad.
Las piezas que surgen de este proceso se sitúan en un territorio ambiguo entre vestimenta, escultura e instalación. Estructuras que envuelven el cuerpo, lo amplifican o lo transforman, funcionando como superficies activas en diálogo constante con el entorno. En ellas, lo artesanal y lo tecnológico no se oponen, sino que se entrelazan: técnicas manuales, impresión 3D y procesos biológicos conviven en una misma lógica de experimentación, generando materialidades inestables, en transformación.
La colaboración forma parte estructural de su práctica. Desde proyectos con ingenieros y especialistas en tecnología hasta trabajos con artistas, músicos o performers, Buj entiende el diseño como un campo abierto donde los límites disciplinares se diluyen. En uno de sus proyectos recientes integró sensores de movimiento en una prenda, convirtiéndola en una superficie reactiva capaz de generar luz, sonido e interacción.
Más que responder a la sostenibilidad como etiqueta, su trabajo plantea una relación distinta con los procesos de producción. Muchas de sus piezas son únicas, lo que ya cuestiona la lógica de la repetición y la serie. Al mismo tiempo, en su investigación material reutiliza pruebas anteriores, reincorpora materiales descartados y trabaja con biomateriales desarrollados en el propio estudio. “No se trata solo de reciclar, sino de no descartar, de seguir trabajando con lo que ya existe”, explica.
Actualmente, su práctica continúa expandiéndose hacia nuevos territorios. En proyectos recientes ha explorado el uso de materiales vivos como el micelio, así como la integración de escultura, escenografía, sonido y cuerpo en propuestas híbridas que se sitúan entre la instalación y la performance. Esta apertura responde a una manera de entender el trabajo como proceso continuo, más cercano a la investigación que a la producción cerrada.
En este contexto, el cuerpo deja de ser un límite para convertirse en una interfaz. Un espacio de intercambio donde materia, tecnología y vida se encuentran. Su práctica se despliega en ese lugar intermedio donde lo material, lo vivo y lo artificial se entrelazan, abriendo nuevas formas de imaginar nuestra relación con el entorno.