Entrevista a Iván Arana
¿Cómo fueron tus primeros acercamientos al arte? ¿Hubo algún momento o descubrimiento clave que marcara el inicio de tu práctica?
Siempre estuve muy vinculado al dibujo desde pequeño. Mi padre dibuja genial, y por parte materna siempre ha habido mucho interés por el arte, así que de alguna manera lo tuve muy cerca desde el principio. Durante la adolescencia empecé a hacer trabajos sueltos gracias al apoyo de mi entorno, pero fue al entrar a la universidad cuando empecé a entender el arte como algo más amplio. Al principio no tenía claro qué quería hacer ni hacia dónde ir, pero con el tiempo empecé a reconocerme en lo que producía, a descubrir de qué quería hablar y qué técnicas encajaban mejor conmigo.
¿Qué te llevó a explorar el cuerpo y el deseo como temas centrales en tu trabajo? ¿Qué papel juega lo autobiográfico en tu obra?
Partí de una necesidad muy personal, que era la de entender mi propio cuerpo, cómo se presenta ante los demás y cómo puede ser también deseado, amado. El deseo en mi obra aparece como disfrute, como goce, pero también como una forma de lidiar con los conflictos que tengo con dicho cuerpo. Es una vía para preguntarme desde dónde me miro y cómo me miran.
Lo autobiográfico atraviesa toda mi práctica, aunque no siempre fue así de evidente. Al principio me daba miedo mostrarme, y prefería abordar temas más generales, casi camuflados. Pero con el tiempo fui perdiendo ese miedo, y en las últimas obras hay un despliegue claro de lo personal, ya no solo desde lo simbólico, sino desde lo explícito, desde la experiencia directa y sin ningún tipo de filtros. El cuerpo que aparece en mis piezas normalmente es el mío, con todo lo que eso implica.
¿Cómo llegas a vincular tu práctica artística con los estudios queer y qué lugar ocupa en ella la transmasculinidad?
Como persona queer, he encontrado en los estudios y artistas queer un marco para pensar lo que ya estaba haciendo, pero no sabía nombrar. Me han ayudado a entender cómo funciona mi obra, a dónde quiero ir con ella. La transmasculinidad entra ahí de forma inevitable. A parte de ser el tema, es la identidad desde la que produzco, existo y me expreso. Es el punto de partida, pero también una pregunta que me ayuda a evolucionar constantemente a nivel artístico.
Las subculturas leather y fetish atraviesan tu imaginario artístico. ¿Qué te atrae de estos códigos y estéticas?
Me atrae mucho la dimensión performativa de sus códigos, cómo permiten construir otras formas de masculinidad o deseo desde el ritual, desde el artificio y la exageración. También los materiales: el cuero, el látex… su relación con la piel, con el cuerpo. Son materiales que se estiran, se tensan, se adaptan y se rompen. Todo eso genera un espacio donde el deseo puede actuar sin límites, y me interesa cómo esa estética puede volverse también política.
¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Sueles partir de una idea conceptual, de una imagen, de una experiencia personal?
Es una mezcla. A veces empiezo por una imagen que me obsesiona, otras desde una sensación, o por una experiencia vivida que necesito transformar. Normalmente surgen de momentos muy concretos como la noche, un pub, encuentros con otros chicos, con cuerpos o con el mío propio, y como a veces estos interactúan. El proceso es muy físico: toco, rompo, superpongo. Soy muy metódico a la hora de realizar las obras porque sigo unos pasos marcados, pero a la vez dejo que la intuición haga de las suyas. Soy recto pero no me interesa lo perfecto.
¿Qué potencial expresivo encuentras en técnicas como la serigrafía, la escultura o el dibujo? ¿Cómo decides con cuál trabajar?
Cada técnica me permite hablar de una manera distinta. La serigrafía me da el juego de las capas, de lo que se ve y lo que se oculta; me permite experimentar con tintas, papeles, pantallas o telas y abrir un abanico muy amplio. La escultura me da la posibilidad de construir espacios que se relacionan con el cuerpo, con huecos, estructuras, recovecos. Y el dibujo es la base de todo, ahí empiezo siempre y es donde me siento más libre para hacer barbaridades sin sentirme limitado. Según lo que quiero provocar o explorar, elijo una u otra, o directamente las fusiono.
¿Qué artistas, referentes culturales o lecturas han influido en tu forma de pensar y hacer arte?
Me han influido muchas lecturas dentro de los estudios queer como Paul B. Preciado, McKenzie Wark, Sara Ahmed, Jack Halberstam, José Esteban Muñoz… También autores como Foucault o Butler en los inicios. En lo visual, artistas como Del LaGrace Volcano, Bruce LaBruce, Pepe Espaliú, Wolfgang Tillmans o Andy Warhol. Son referentes que han trabajado el deseo, la representación del cuerpo o la disidencia desde lugares muy distintos, pero que me están ayudando a construir un imaginario propio.
¿Hacia dónde te gustaría orientar tu trayectoria en los próximos años, tanto a nivel formativo como artístico?
Quiero seguir profundizando en mi obra desde un lugar más sólido, sin dejar de experimentar. Me interesa hacer residencias, mover el trabajo fuera de mi contexto habitual y poder llevarlo a otros espacios. Mi proyección también se orienta a continuar ampliando mi formación académica e investigadora, ahondar en el desarrollo de mi práctica artística y en la profesionalización expositiva.