Mario G. Sáez
Treinta años en movimiento
En el marco de Coreografías de la materia, una exposición que explora la escultura expandida y otras formas de ocupar el espacio, Efímera incorpora el cuerpo y el movimiento como nuevas posibilidades de expresión artística.
Con más de tres décadas de trayectoria, Mario G. Sáez, cofundador del colectivo Erre que erre, regresa a Murcia para impartir un taller de danza contemporánea del 26 al 29 de octubre y presentar, el día 30, Devenir (el cuerpo lo sabe), una intervención site-specific que explora el cuerpo como territorio de experiencias y memorias en diálogo con el espacio expositivo. Conversamos con él sobre su trayectoria, la evolución de la danza contemporánea y las posibilidades creativas del cuerpo en movimiento.
Después de una larga trayectoria en el mundo de la danza, ¿en qué estás trabajando actualmente y qué te interesa explorar en esta nueva etapa?
En estos momentos sigo colaborando con la Compañía Laia Santanach realizando actuaciones de Jarana (el último espectáculo que creamos) y hemos comenzado una nueva creación: Delirium, que está en una fase inicial de investigación. Por otro lado he comenzado la creación de una pieza propia de la que veremos un primer boceto en Efímera el 30 de octubre.
Me encuentro en una etapa muy bonita en la que disfruto como intérprete metiéndome en los universos de los creadores con los que voy trabajando y como creador me apetece volcar toda la experiencia de los últimos años como intérprete, junto al bagaje de los años de creación dentro del colectivo Erre que erre. Una mirada al pasado para construir una danza del futuro.
Erre que erre cumple treinta años desde su creación. ¿Cómo recuerdas los comienzos del colectivo y cómo fue evolucionando vuestro lenguaje artístico a lo largo de los años? ¿Qué huella ha dejado aquella experiencia en tu manera de entender la danza?
Lo que mas recuerdo es que éramos muy jóvenes y lo vivíamos todo con mucha emoción e ilusión. Creo que nuestro lenguaje fue evolucionando conforme fuimos creciendo y creando. Al principio estaba muy influido por el lenguaje de Danat Dansa, la compañía a la que vinimos a trabajar los cuatro murcianos que fundamos Erre que erre y poco a poco fuimos encontrando una manera propia de expresarnos. Pasamos de piezas muy coreografiadas y escritas a otras en las que dejábamos espacio para la improvisación y el cuerpo que teníamos en cada momento.
Trabajar en un colectivo es muy enriquecedor pero también llega un momento es que es difícil sorprender a las compañeras, así que teníamos que inventar metodologías nuevas para cada creación y no cesar de investigar para buscar como seguir sorprendiéndonos.
La videodanza ha ocupado un lugar importante en vuestro trabajo. ¿Qué os llevó a explorar la relación entre cuerpo, cámara y movimiento?
Desde el principio, en Erre que erre grabábamos los ensayos para poder visualizar lo que íbamos creando, ya que éramos intérpretes y coreógrafos al mismo tiempo. Pronto descubrimos que el vídeo nos permitía acercarnos a detalles que el escenario no deja ver y conservar un testimonio de algo tan efímero como la danza.
Además, tuvimos la suerte de encontrarnos con Guillem Morales, con quien realizamos varias películas de danza en las que él, como director de cine, aportaba una mirada muy cinematográfica a nuestro lenguaje coreográfico. Divadlo y A.P.A.A.I. están rodadas en 16 mm, con el coste y el trabajo de planificación que conlleva un rodaje en este formato. La llegada de las tecnologías digitales facilitó el desarrollo de propuestas más experimentales y nos permitió seguir investigando en la interacción entre imagen y danza.
En las últimas creaciones de Erre que erre también exploramos y cuestionamos el uso de las nuevas tecnologías en la escena. Junto a Román Torre (Rotor Studio), experimentamos con el vídeo, el mapping, los sensores y la programación generativa como herramientas para ampliar nuestro lenguaje escénico.
¿Qué artistas han influido en tu trayectoria y cómo han evolucionado tus referentes a lo largo de los años?
Me siguen emocionando los clásicos que me llevaron a bailar, como Pina Bausch, La La La Human Steps o DV8, y otros que fui descubriendo por el camino, como Meg Stuart o Peeping Tom. Actualmente me interesan especialmente compañías y creadores como La Veronal, (LA)HORDE o Damien Jalet, así como la manera en que la danza contemporánea incorpora y mezcla diferentes técnicas y estilos, desde la danza urbana y el flamenco hasta el circo.
Además, nuestras creaciones siempre han estado impregnadas de referencias procedentes de la literatura, el cine y el arte. Más que cambiar, mis referentes se han ido ampliando, y he aprendido mucho de los artistas con los que he trabajado en los últimos años, como Albert Quesada, Pere Faura o Laia Santanach.
Después de tantos años bailando, ¿cómo ha cambiado tu relación con el cuerpo y qué nuevas posibilidades encuentras en él?
Creo que el paso del tiempo hace al cuerpo más sabio si trabajas con él. Aunque es evidente que existen limitaciones que no puedes obviar, un cuerpo maduro ofrece una experiencia y un saber estar que me resulta muy interesante explorar.
He tenido la suerte de participar en creaciones muy diferentes en las que he podido aportar mi experiencia y, al mismo tiempo, seguir descubriendo nuevas posibilidades de expresión y movimiento. En los últimos años he trabajado en proyectos donde la improvisación es fundamental, como Flamingos, de Albert Quesada; propuestas más teatrales, como Requiem Nocturn, de Pere Faura; y piezas completamente coreografiadas, como AER, Tradere y Jarana, de Laia Santanach, además de explorar lenguajes más performativos.
Siento que, con los años, también me he desprendido de ciertos prejuicios a la hora de afrontar el movimiento y las propuestas que van surgiendo. Ahora disfruto mucho de cada proceso creativo.
En la pieza en la que estoy trabajando actualmente me gustaría explorar el cuerpo maduro como un recipiente de experiencias y memorias del que puedan surgir nuevos lenguajes y nuevas formas de danza.
¿Cómo ves la situación actual de la danza contemporánea en España y cómo han cambiado las condiciones para la creación desde tus comienzos?
La danza siempre será la hermana pequeña y minoritaria de las artes, pero aquí seguimos, ofreciendo propuestas muy variadas y otras formas de mirar el mundo. Aunque el concepto tradicional de compañía de danza, entendida como una estructura estable de trabajo con un coreógrafo o director al frente, ha ido perdiendo presencia, han surgido numerosos creadores y creadoras que desarrollan proyectos independientes. Mantener equipos estables sigue siendo complicado, pero se están realizando propuestas muy interesantes y creo que la creación en danza atraviesa un momento especialmente rico y diverso.
Tengo la suerte de vivir en un territorio que apuesta por la cultura y la cuida, incluida la danza. Existen numerosos espacios que ofrecen residencias de creación, así como ayudas y subvenciones institucionales que permiten impulsar nuevos proyectos.
La docencia también ocupa un lugar importante en tu trayectoria. ¿Qué buscas transmitir a través de tus talleres de danza?
La danza es una disciplina artística que exige una formación y una preparación física rigurosas. Existen numerosas técnicas y escuelas para trabajar el cuerpo y, en mi caso, los talleres se nutren tanto de esas técnicas como de todo lo aprendido a lo largo de los procesos creativos en los que he participado.
Mi objetivo es desarrollar un cuerpo “performativo”, disponible para el movimiento, la escucha y la creación. Busco despertar la conciencia corporal, el sentido del ritmo y la libertad de movimiento, pero también fomentar la capacidad de experimentar, descubrir nuevas posibilidades expresivas y crear nuestros propios “pasos” de danza.
Aunque llevas más de treinta años afincado en Barcelona, mantienes una estrecha relación con Murcia. ¿Cómo ves la escena de la danza en la región y qué supone regresar para presentar tu trabajo en Efímera?
Es cierto que llevo más de treinta años viviendo en Barcelona, donde he desarrollado gran parte de mi trayectoria, pero siempre he intentado mantenerme al tanto de lo que sucede en Murcia. Creo que todavía hace falta más apoyo para que los creadores y creadoras de danza puedan profesionalizarse y desarrollar su trabajo en condiciones óptimas.
En este sentido, me parecen fundamentales iniciativas como las que está impulsando Unión Danza Visible, la asociación de profesionales de la danza de Murcia, con programas de mentoría, el Club del Espectador y la promoción de ciclos, programaciones y residencias. Son propuestas necesarias para dar a la danza el lugar que merece dentro del panorama artístico de la región. También destacaría la programación del Centro Párraga y el Teatro Circo, que permiten disfrutar de propuestas de danza de calidad en la ciudad.
Siempre es emocionante volver a bailar en Murcia y compartir mi trabajo con gente cercana, aunque eso también aumenta los nervios y la autoexigencia.
Devenir (el cuerpo lo sabe), la pieza que presentaré en Efímera, es una primera aproximación al proceso creativo en el que estoy inmerso. Para esta ocasión realizaré una intervención site-specific, adaptada al espacio expositivo y en diálogo con el concepto de escultura expandida que propone Efímera.