Tu noveno álbum, Materia vibrante, marca un punto de inflexión en tu trayectoria. ¿Cómo surgió esta necesidad de cambio?
Durante años, mi trabajo se centró en lo inmaterial, es decir, la creación como manifestación de lo espiritual y lo invisible. Una crisis personal y de salud me obligó a enfrentar mi fragilidad y la certeza del paso del tiempo. Fui consciente de la vibración de la materia, que nuestro cuerpo —carne, huesos, sangre— es parte de ese gran tejido resonante. Materia vibrante nace para honrar esa realidad y reconciliar lo físico con lo espiritual.
Dices que el cuerpo ocupa el centro de este disco. ¿Cómo se refleja eso en el sonido?
El cuerpo se entiende como materia vibrante que genera emoción y sonido, y no solo como un “vehículo” para expresarlos. Añadir mi voz lo convierte en algo físico, el cuerpo se hace presente a través del sonido. Mi cuerpo es parte de la red de materia vibrante que hace posible la experiencia sonora.
¿Qué referencias han acompañado esta búsqueda?
Conceptualmente, el libro Vibrant Matter de Jane Bennett. Habla de “la materialidad vibrante”, es decir, la capacidad de la materia —no solo los seres humanos, sino también objetos, cuerpos, minerales, energía— de tener agencia, de afectar y ser afectados. La materia no es inerte, sino activa, con potencia propia.
Sonoramente, me inspiran compositores como Charlemagne Palestine, Pauline Oliveros, Rafael Anton Irisarri o Jessika Kenney. Creadores de músicas que no están centradas en la forma convencional de melodía-ritmo-armonía, sino en el sonido, el espacio, el cuerpo y la conciencia.
Tu música siempre dialoga con el entorno. ¿Cómo ocurre en este álbum?
Incorporo grabaciones de campo: agua, viento, voces, máquinas, animales, paisajes telúricos. Luego las transformo en texturas que oscilan entre lo reconocible y lo abstracto. Lo espiritual sigue presente, pero está anclado en lo material. Los sonidos del entorno no son mero acompañamiento, sino parte de la secuencia narrativa.
Como en todos mi otros discos, hay una hibridación de lo acústico, lo electrónico y lo ambiental. Trabajo con instrumentos como el sintetizador, que lo extendiendo con electrónica y procesamientos, además de incorporar sonidos “ambientales” (transformados o no).
Hablando de ruido y silencio, ¿qué papel juegan aquí?
El ruido es relativo: puede ser placer, energía… o algo insoportable, según el contexto y el oyente. Los ruidos de este disco aparecen como texturas que acompañan al resto de elementos sonoros. En mis discos no hay silencios, las composiciones están sostenidas sobre un continuum sonoro que desea invitar al trance.
¿Es este disco más accesible que tus anteriores?
Sí. Aunque la participación del oyente sigue siendo esencial, Materia vibrante evita saturaciones, agudos excesivos y ritmos superiores a 90 bpm. Todo apunta a la introspección. Busqué crear un espacio envolvente y confortable. Este es un viaje hacia el interior, donde conviven drone, ambient y electrónica.
Estuviste al frente de la Fonoteca de Murcia durante diez años. ¿Cómo influyó esa etapa en tu obra?
El archivo es otra forma de crear. Clasificar, catalogar y escuchar genera conocimiento. Aprendí que la memoria sonora es tan creativa como la composición. La fonoteca me conectó con experiencias sónicas nutritivas que antes debía buscar fuera de mi ciudad.
Como investigadora y comisaria, ¿cómo ha evolucionado tu visión?
Sigo investigando y colaborando con artistas y científicos. Recientemente, creé una pieza sonora a partir de la sonificación de datos de E. coli modificada sintéticamente. También trabajé con los sonidos de un piano destruido por la DANA, sampleando sus cuerdas para nuevas composiciones. Además, publiqué un CD con el biólogo Michael Prime, amplificando la actividad eléctrica de plantas y hongos. The Mycelial Network es un colectivo que sonifica hongos para explorar sus potenciales de acción.
La música experimental parece estar más presente en festivales y centros artísticos. ¿Cómo ves su estado actual?
Las nuevas generaciones han entendido este lenguaje y lo reivindican como creación alternativa al academicismo, gracias a la democratización de las herramientas de producción. Sigue siendo música minoritaria, pero hoy es más visible y accesible gracias a la interconexión digital.
Tu pódcast, “Noise Politics”, parte de tus investigaciones sobre ruido y silencio. ¿Cómo surgió?
Nació como espacio radiofónico para explorar la relación entre experimentación sonora y militancia ideológica, basado en mi TFM La política del ruido. El ruido como arma definitiva (2013). Los textos se ilustran con obras fundamentales de esta “Noosfera Sonora”. Los 15 capítulos iniciales se pueden escuchar aquí: Noise Politics.
La idea surgió a partir de la exposición Noosfera Sonora, que desarrollé para el X aniversario del Centro Puertas de Castilla. Mostraba la música experimental como resultado de una conciencia colectiva de la Tierra, evocando conceptos como el “Inconsciente Colectivo” de Jung o la “Conciencia Sónica” de Pauline Oliveros. Más info: Noosfera Sonora.
Comparas al músico experimental con movimientos como Dada y Punk. ¿Por qué llamarlo anti-músico?
Mi TFM abordó cómo la música underground surge como movimiento antisistema global, afirmando el derecho a la diferencia. El anti-músico rechaza el culto al compositor y las reglas en la música. Como decía Llorenç Barber: “Se acabó el aura del artista privilegiado por saber descifrar partituras. La época de los no-músicos instauró una nueva relación con la existencia, el rol del creador y la escucha.”
Los orígenes de la música experimental son anteriores al rock y la electrónica, tenemos ejemplos como las máquinas Intonarumori de Luigi Russolo (1913).
Te has dedicado a investigar el arte sonoro creado por mujeres. ¿Qué impacto ha tenido en tu obra?
Artistas como Éliane Radigue, Pauline Oliveros o Laurie Spiegel me enseñaron a trabajar con cambios sutiles y a escuchar el mundo de forma consciente. No creo que exista diferencia entre música creada por hombres o mujeres; cada creador refleja su experiencia y bagaje. Las mujeres que me precedieron me han servido como referentes y me han motivado en mi trayectoria como creadora.
Trabajando en el archivo sonoro de la fonoteca de Murcia, descubrí compositoras desconocidas para el gran público. Desarrollé un archivo específico para visibilizar su trabajo y reivindicar la labor sonora que durante años pasó inadvertida. Invito a escuchar los pódcast complementarios al archivo: Women in Experimental Music.