Fabio Charlön
El Leviatán Totémico (Teoría para un proceso aurificante de la materia oscura)
Los hiperobjetos son entidades masivas que nos rodean, nos constituyen y resultan inabarcables para nuestra estructura mental (como el plástico en los océanos, el clima o la contaminación del aire). Estas entidades son el reverso oscuro de la globalización del capitalismo tardío. Todo artefacto tecnológico residual que ocupa un espacio de materialidad en nuestro sistema-hábitat es un hiperobjeto ingobernable en su conjunto. Esta obra se configura a partir del ensamblaje industrial de hiperobjetos, dando como resultado un Leviatán totémico.
Este gran residuo totémico podría describirse ontológicamente como un amasijo de cables muertos, una materialidad arqueológica espectral de silicio, polietileno y germanio, que contiene el cadáver de un pasado de datos y afectos apagados, neutralizados en el vacío de su materialidad analógica. De forma paradójica, esta estructura totémica emerge como un objeto de adoración en la era del aceleracionismo moderno: un nuevo dios con sus nuevos fieles. Creyentes de un nihilismo definitivo, una subjetividad sobreestimulada configurada por y para el consumo vacío e irracional. Al mismo tiempo, este santuario de culto muestra una posible línea de fuga estética hacia un repliegue existencial como especie, una posibilidad de resignificación del desastre de las ecologías. Este espacio de neoculto asume, en una oscilación permanente, esa tensión.
El dorado totémico, tan característico de la obra de Consume ESTO, se presenta como un acto alquímico de subversión estética. En la lógica aceleracionista del capitalismo tardío, lo residual y lo obsoleto carecen de valor: son expulsados del ciclo productivo. Sin embargo, tras el proceso de aurificación —la impregnación de oro— estos desechos tecnológicos se reconfiguran radicalmente en su valor simbólico. El oro, asociado a lo eterno y lo puro, entra en fricción con la materialidad efímera de estos hiperobjetos residuales. Este gesto revaloriza lo despreciado. El tótem dorado se erige así como un contra-monumento frente al presentismo capitalista. Frente a la aceleración constante del sistema, esta capilla totémica abre un espacio de resistencia estética, un hiperobjeto-signo que invita a una reflexión urgente.
A su vez, el tótem ensamblado por Consume ESTO revela su reverso espectral: los efectos tecnobarbáricos que esta religiosidad tecnológica produce y oculta en un proceso continuo de desvelamiento y ocultación. El sacrum totémico ofrece, en sus ensamblajes hiperobjetuales, un triple infierno: el colapso de las tres ecologías —psíquica, social y ambiental—. La obra trasciende así lo teológico para articular una crítica ecológica integral, en la línea del pensamiento de Félix Guattari.
La tecnología no es un instrumento neutro ni apolítico; es el dispositivo central de una sobreexcitación semiótica que genera incapacidad para procesar el mundo o producir sentido. El altar-residuo se presenta también como monumento a esta fatiga psíquica. El culto totémico ritualiza una forma de subjetividad: la de un sujeto ansioso-depresivo que adora la jaula de microchips que lo mantiene en un estado constante de sobreestimulación.
La potencia transformadora del tótem tecnológico reside en su condición oscilante: por un lado, como crítica radical del colapso ecológico múltiple; por otro, como posibilidad de resignificación estética. Esta tensión irresoluble revela una sensibilidad metamoderna presente en toda la obra de Consume ESTO. Una sensibilidad que emerge de la conciencia de este dualismo entre crítica y posibilidad. El tótem tecnológico funciona simultáneamente como reencantamiento del residuo, como nuevo simbolismo del desecho y como artefacto consciente de los efectos perversos de su propia existencia. No resuelve la tensión, sino que la habita. Y es precisamente en esa tensión donde los hiperobjetos totémicos revelan su verdad más profunda.