Entrevista a NastPlas

Con motivo de su exposición en Coreografías de la materia.

Entrevista a NastPlas

Para quienes aún no conocen vuestro trabajo, ¿cómo describiríais la práctica de NastPlas? ¿Qué ideas atraviesan de forma recurrente vuestras obras?

Nuestra práctica se sitúa en la convergencia entre arte, ciencia, tecnología y naturaleza. A través de medios como el CGI, la escultura digital, la inteligencia artificial o la cerámica, exploramos cómo los avances científicos y tecnológicos reconfiguran nuestra percepción del mundo natural y de lo humano. Los temas que atraviesan nuestras obras giran en torno a la sostenibilidad, la identidad y la evolución, pero también a la fragilidad del equilibrio entre lo orgánico y lo artificial. Nos interesa cómo las herramientas digitales pueden expandir la percepción de la realidad y abrir preguntas sobre el futuro que estamos creando.

Trabajáis entre dibujo, escultura digital, inteligencia artificial, instalación y técnicas tradicionales como la cerámica. ¿Cómo se relacionan estos medios dentro de vuestro proceso creativo?

Cada medio aporta un lenguaje y una sensibilidad diferente, pero todos convergen en un mismo propósito: explorar la transformación de la materia. Lo digital nos permite experimentar con la forma y el tiempo de manera ilimitada, mientras que lo manual aporta una dimensión táctil, imperfecta y humana. En nuestro proceso, los entornos virtuales funcionan como laboratorios donde nacen las ideas, y la materialización física de esas piezas permite cerrar el ciclo. Hay una retroalimentación constante: lo que descubrimos en el terreno digital influye en nuestras piezas materiales, y la experiencia del trabajo manual reconfigura nuestra aproximación a lo virtual.

En proyectos como Abylon, la naturaleza parece mutar a través de lenguajes digitales. ¿Cómo entendéis esa frontera cada vez más difusa entre lo natural y lo artificial?

Creemos que la tecnología no solo puede reinterpretar lo orgánico, sino que forma parte activa de su transformación. No la entendemos como una herramienta externa, sino como una extensión de lo humano, un agente creativo en sí mismo. En Abylon exploramos precisamente esa frontera: cómo los sistemas digitales y los flujos de datos generan nuevas morfologías que evocan organismos vivos, pero que pertenecen a una naturaleza distinta, híbrida. No se trata de imitar lo natural, sino de imaginar nuevas ecologías posibles donde lo biológico y lo artificial coexisten.

En Abylon, el océano tiene una presencia muy fuerte. ¿Qué os interesa del mar como espacio desde el que pensar la relación entre naturaleza y tecnología?

El mar representa el origen de la vida, pero también lo desconocido y lo inabarcable. Nos interesa como metáfora de lo profundo y de lo oculto que está en transformación constante. En nuestra investigación, el océano es un espacio de confluencia entre sistemas naturales y artificiales, un espacio fluido donde las formas emergen, se disuelven y mutan. Nos permite pensar en la tecnología no como algo rígido o artificial, sino como un flujo con sus propias dinámicas y comportamientos.

Cuando trabajáis con referencias científicas o biológicas, ¿cómo equilibráis investigación e intuición?

Comenzamos con una fase de investigación a través de diferentes fuentes en la que observamos fenómenos biológicos o físicos concretos que rápidamente trasladamos a un terreno poético y visual propio. No buscamos representar la ciencia, sino interpretarla desde la especulación creativa y la sensibilidad artística. La intuición tiene un papel esencial: es la que conecta el conocimiento con la emoción. Nos permite transformar la información científica en experiencia estética, generar imágenes que, más que explicar, invitan a sentir y a reflexionar.

Muchos de vuestros proyectos nacen en entornos digitales. ¿Qué hace que una forma o una idea termine necesitando convertirse en objeto físico?

La decisión suele venir determinada por la necesidad de experimentar con la materialidad real: la temperatura, el peso, la textura. Hay ideas que solo cobran sentido cuando las llevamos al plano físico, cuando entran en contacto con los límites de la materia. Nos interesa esa traducción entre mundos, cómo algo nacido en un entorno algorítmico puede transformarse en una escultura o en una cerámica, manteniendo las huellas del proceso digital pero adquiriendo una nueva dimensión tangible.

En Örva exploráis procesos de transformación lenta entre organismos y minerales. ¿Qué os atrae de esos cambios casi imperceptibles frente a la inmediatez del entorno digital?

Nos interesa la temporalidad expandida, los procesos que ocurren a escalas que el ojo humano no percibe. En un mundo dominado por la velocidad digital, reivindicar la lentitud y la transformación gradual es casi un gesto de resistencia. Örva trata de hacer visible esa dimensión oculta de la materia, donde lo vivo y lo inerte se influyen mutuamente. Es una invitación a mirar más despacio y reconocer que toda forma, incluso la más sólida, está en constante cambio.

En Kyronis, establecéis un paralelismo entre la cristalización de proteínas y los procesos cerámicos artesanales. ¿Qué os interesa de ese punto de encuentro entre lo molecular y lo manual, entre el orden científico y la imperfección humana?

Nos atrae cómo ambos procesos, la cristalización y la cerámica, implican una reorganización de la materia. En Kyronis trabajamos con datos reales de estructuras moleculares que reinterpretamos a través de herramientas digitales para luego trasladarlos al plano físico, aplicándolos sobre superficies cerámicas moldeadas a mano. Ese encuentro entre la precisión matemática y la imperfección del gesto humano refleja nuestra idea de equilibrio entre conocimiento y sensibilidad, entre lo calculado y lo tangible. La imperfección se convierte en una forma de validación.

Trabajáis con IA, 3D y NFT, medios que a menudo generan debate en torno al consumo energético y la sostenibilidad. ¿Cómo abordáis esa tensión ecológica dentro de vuestra práctica?

Somos muy conscientes de esa tensión y tratamos de abordarla desde la responsabilidad. Optamos siempre por los procesos más sostenibles y los optimizamos, limitando la producción innecesaria, tanto física como digital, y utilizando tecnologías y materiales que reduzcan el impacto ambiental. También abordamos esa contradicción desde lo conceptual: en nuestro trabajo no solo utilizamos la tecnología, también cuestionamos su uso. Nos interesa mostrar cómo la sostenibilidad no depende únicamente de los medios que usamos, sino de la conciencia con la que los empleamos.

Después de más de dos décadas de trayectoria, ¿hacia dónde sentís que está evolucionando NastPlas?

Nos encontramos en una etapa de expansión hacia lo instalativo, lo inmersivo y lo físico, incorporando sonido, luz y espacio arquitectónico como nuevas variables en nuestro trabajo. Queremos seguir profundizando en la relación entre arte y ciencia, especialmente en los campos de la biotecnología y la inteligencia artificial generativa. También nos interesa explorar nuevas formas de colaboración interdisciplinar, crear obras que funcionen como ecosistemas donde distintas disciplinas —arte, física, biología, diseño— puedan convivir y dialogar. NastPlas sigue siendo un laboratorio creativo abierto a la transformación, un proyecto en evolución constante.