Entrevista a Salva Alambre

Actitud punk frente al sonido y la experimentación

Salva Alambre

Actitud punk frente al sonido y la experimentación

Por Sergio Sánchez

Salva Alambre lleva años construyendo un universo propio entre la electrónica, la psicodelia, el pop y la experimentación sonora. Tras su paso por proyectos como Electrowendy y Los Alambres, inició una trayectoria en solitario marcada por la curiosidad, el juego y una forma muy personal de entender el sonido. Desde Matemática ingenua (2018) hasta Otra nube de polvo, pasando por Electromagnetismo (2020) y Más allá de lo razonable (2023), su trabajo ha ido ampliando sus límites a través de sintetizadores, samplers, diseño de sonido y estructuras que se mueven con libertad entre la canción y la abstracción.

El próximo 25 de septiembre, Salva Alambre llega a Efímera para inaugurar Ruido de Fondo, nuestro ciclo dedicado a las vanguardias sonoras comisariado por Sergio Sánchez, con una intervención en directo sobre Aelita (Yakov Protazanov, 1924). A partir de un sintetizador modular Serge y de un patch concebido específicamente para la ocasión, construirá un paisaje sonoro abierto a la improvisación y a lo imprevisible.

Con motivo de esta cita, Sergio Sánchez conversa con Salva Alambre sobre sus referentes, la experimentación sonora y su particular manera de entender la música. Conoce aquí su discografía completa.

En tus inicios exploraste la música a través de distintos grupos de pop-rock independiente, con algunos acercamientos a la electrónica, como en Electrowendy. ¿Cómo se produjo después tu entrada en la música experimental y en las vanguardias contemporáneas?

Sí, el primer proyecto electrónico en el que participé fue Electrowendy, que era tecnopop adolescente de habitación con muy pocos medios (un pequeño secuenciador digital, un MS20, casiotones, guitarra y unos cuantos pedales de efectos). También coqueteé con la música industrial, el noise rock, el postrock y otros géneros de la época. Por supuesto, las vanguardias ya me interesaban por entonces. El dadaísmo y el surrealismo siempre han pesado mucho en mi concepción de la música y del mundo. Aunque siempre me he inclinado por estructuras de canción pop, grupos como Throbbing Gristle, Cabaret Voltaire o los discos de Brian Eno me abrieron las puertas de mundos musicales menos transitados que se oponían a la idea de un oyente pasivo, acomodado y complacido. También grupos de aquí como Esplendor Geométrico, Iniciados o Derribos Arias me rompieron los esquemas que hasta entonces había tenido sobre la música juvenil. Todo esto me fue llevando a propuestas musicales cada vez más abstractas, aunque nunca he renegado del formato canción.


En tus discos hay estructuras y elementos que remiten al pop, pero con el tiempo has ido ampliando ese lenguaje y explorando nuevos universos sonoros. ¿Qué papel ha tenido la electrónica en esa evolución? ¿Cuándo empezaste a trabajar con sintetizadores?

Mi primer contacto directo con un sintetizador fue durante la adolescencia, en un local de ensayo con el MS20 de segunda mano que se había comprado un amigo. La alienígena variedad de sonidos que emitía el aparato y las fabulosas transiciones entre esos timbres y frecuencias me subyugaron por completo. Como he mencionado antes, mi primer instrumento electrónico fue un secuenciador digital casi de juguete (pero con posibilidades muy interesantes si lo ponías al límite) y a partir de ahí he ido, con los años, adquiriendo sintes, samplers, secuenciadores, grooveboxes, looperas y pedales de efectos. Se puede decir que la electrónica ha sido fundamental en mi evolución musical y que gracias a ella he podido crecer como no-músico. La concepción de la electrónica pone el énfasis de la escucha en la textura del propio sonido y en eso es muy superior a otros géneros como el rock o el pop convencionales.

Háblanos de tus principales referentes y de cómo ves la escena murciana y nacional. ¿Qué propuestas te interesan especialmente y qué encuentras en ellas que te ayude a seguir creciendo como músico y artista?

Referentes tengo muchos, no necesariamente musicales. Ya he dicho que las vanguardias y el arte me han interesado siempre. Igualmente, la literatura me ha servido a menudo de gran inspiración. Gómez de la Serna o Edgar Allan Poe, por ejemplo, me han influido sin duda al abordar algunas de mis letras. Actualmente estoy leyendo textos clásicos del hinduísmo, como el Bhagavad Ghita o las Upanisad. Las experiencias psicodélicas y expansivas han sido también una constante influencia a lo largo de los años. De la misma manera, ciertas utopías políticas o sociales han transformado mi visión del mundo y me han hecho reafirmarme en ciertos principios vitales. Y por supuesto, el carácter lúdico de todo lo que hago es el principal motivo de que lo siga haciendo. Yo creo que un artista va creciendo cuando juega, cuando prueba cosas que no había probado antes, o perfecciona métodos que ya había empleado antes. Para mí, el sintetizador y, sobre todo, el sampler son los instrumentos ideales para eso. Son como tener el mundo en tus manos.

¿Cómo compaginas la creación sonora y artística con tu faceta de profesor? ¿Qué momentos buscas para concentrarte y crear? ¿Tienes un estudio, compones en casa?

Sí, compongo en casa, en un rincón que tengo para ello con mis máquinas. Ser profesor me gusta, pero también me gusta disponer de mis horas para tocar, componer o experimentar. Creo que es importante tener los medios para poder perder el tiempo. En cualquier actividad artística, incluso en la vida, es fundamental perder el tiempo. Como sociedad hemos perdido la cabeza con la idea de productividad, de rendimiento, y hay procesos cuya función no es esa. Probar, disfrutar, aburrirse, desechar muchas cosas y reconstruir son acciones necesarias en cualquier forma de arte.


¿Cómo se puede avanzar para que los músicos experimentales puedan mostrar su visión de la música al margen de los circuitos convencionales?

Bueno, ante todo mi actitud frente a la música sigue siendo punk. Por eso digo que me considero no-músico. Cualquiera puede hacer música y siempre animo a la gente de mi alrededor a ponerse a ello. En ese sentido, me importan muy poco las instituciones. Lo que yo conozco son los espacios minoritarios y normalmente asociativos. Actualmente el panorama español de salas y pequeños promotores musicales está cada vez más tomado por una visión y unos procedimientos corporativos. El círculo se ha ido cerrando a lo largo del nuevo siglo y hoy en día la única alternativa para los pequeños grupos y artistas outsiders es la miríada de asociaciones y espacios autogestionados que se crean y desaparecen por toda la geografía española. Se trata de gente que aporta su esfuerzo, su tiempo y su ilusión de manera desinteresada para que alguien de fuera venga a tocar a su tierra. Es una filosofía preciosa, totalmente Do it yourself pero también con sus lagunas. Para ejemplificarlo, diré que en los años 90, siendo un crío, yo he llegado a ir con grupos que solo tenían un par de maquetas, a tocar a otras ciudades de España con un caché fijo bastante decente, con el hostal pagado y la cena resuelta (¡más las copas!). El próximo noviembre, después de 7 discos a mis espaldas, tocaré en Madrid a taquilla inversa y quedándome en casa de amigos (a los que agradezco infinito su hospitalidad). Creo que la evolución del underground musical en España queda así totalmente expuesta.


¿Hasta qué punto crees que los problemas de la música experimental en España son institucionales o de financiación?

La verdad es que como siempre me he movido al margen de instituciones públicas no me preocupa mucho si estas se involucran en la música más minoritaria o no lo hacen. Desde luego, si es para manipular, imponer condiciones o para sacar algún tipo de rédito, o incluso para lavar su imagen, prefiero que no interfieran. Por otro lado, si algún artista sonoro se puede beneficiar de algún tipo de ayuda o ganar visibilidad a través de alguna institución, me parece perfecto y no seré yo quien lo juzgue.


¿Cómo crees que podemos acercar a los jóvenes a la investigación y la experimentación con el sonido para que no la perciban como algo ajeno o extraño? ¿Cómo ha sido tu relación con el público?


Pues yo creo que la juventud debe descubrir las cosas por sí misma. Es un proceso de pulir el gusto, de compartir y escuchar con los colegas, de negar lo que no te encaja. Pasas de los Kinks a Syd Barrett y King Crimson, y de ahí a Coil, pero luego vuelves a los minimalistas americanos y acabas escuchando música renacentista o tecno. Hoy tal vez el proceso pase más por lo latino pero igualmente yo creo que hay puentes para quien tenga curiosidad. Además, internet es una fuente inagotable de descubrimientos si aprendes a buscar. Para mí, el problema principal es la manera de abordar la escucha. La saturación y el acceso gratuito a todo tipo de artistas crea un déficit de atención crónico. Casi nadie escucha, no ya discos, sino canciones completas. Esta fragmentación de la escucha y la mala calidad sonora de plataformas y dispositivos móviles impiden que la experiencia musical sea algo revelador o trascendente, como ocurría en los 80 o los 90, en la era dorada de la Alta Fidelidad (Hi-Fi). Un disco podía cambiarte la vida entonces. Hoy se hace scroll al siguiente vídeo, cuya canción ha sido producida exactamente de la misma manera que la anterior. Mi contacto con el público es algo problemático. Por un lado, me gusta compartir lo que hago pero tengo fobia a los grupos grandes de personas. Siempre huyo de las multitudes y me afecta bastante. Desde luego, no tengo el carisma de un showman y rara vez disfruto de mis propios directos pero me obligo a pasar por el trance porque lo que tengo que mostrar creo que vale más que mi timidez o limitaciones.