Selu Herraiz
Escuchar la materia, transformar la percepción
Acceso a Delia
Selu Herraiz encuentra en la escucha una forma de explorar la materia, la memoria y nuestra relación con el entorno. Su práctica atraviesa las artes visuales, la performance y la experimentación sonora, combinando grabaciones de campo, instrumentos construidos con objetos recuperados y herramientas electrónicas.
El próximo 11 de noviembre publica Delia, su nuevo álbum como Munda, en el sello Discrepant. Compuesto durante una residencia en Konvent, el trabajo parte de un órgano deteriorado y de materiales recogidos en el entorno industrial para investigar la repetición, el silencio y la transformación de la percepción. Antes, el 6 de noviembre, participará en Coreografías de la materia con una intervención sonora que activará la exposición en Efímera. Dos ocasiones para conversar sobre su recorrido, sus procesos de creación y la capacidad del sonido para modificar nuestra manera de habitar un lugar.
Tus primeros pasos en la creación estuvieron más vinculados a las artes visuales y la fotografía. ¿Cómo fue evolucionando tu práctica hasta llegar al arte sonoro
Empecé a descubrir mi universo poético haciendo fotos en blanco y negro con cámaras de juguete y leyendo poesía. La imagen y la palabra fueron muy buenas compañeras de experimentación. Pasaba horas, sobre todo nocturnas, en las calles tomando imágenes y pintando poemas en lugares abandonados, me encantaba sentirme ‘fuera del tiempo’. También viajaba mucho en busca de nuevos entornos estéticos y culturales. Después entró el videoarte, la performance y el arte conceptual. Siempre fui autodidacta y trans-disciplinar, me interesaba todo. Complementaba mi aprendizaje haciendo talleres con artistas a los que admiraba profundamente, entre elles Esther Ferrer, Isidoro Valcárcel Medina, David Jiménez, Oscar Molina o Antoine d’Agata. Me dedicaba a generar obra como una forma de expresión íntima, cotidiana, autobiográfica. Me interesaba hablar sobre el tiempo, la memoria y la identidad. Solía decir que el arte era una excusa para vivir experiencias, para explorar la vida en profundidad. La pedagogía era también una parte importante de mi práctica. Creo que el mejor momento para diseñar talleres pedagógicos es cuando una está aprendiendo para sí misma. Es entonces cuando se tiene conciencia del proceso de aprendizaje y de los puntos duros de cada técnica o proceso.
Desde siempre me ha interesado la música y por extensión el sonido. Desde pequeño grababa mixtapes eclécticos en cassettes con estilos diferentes de música. Me levantaba temprano y me ponía los auriculares para escuchar programas de radio en busca de las piezas que me interesaban. En un momento la cámara de bolsillo empezó a ser sustituida por una grabadora de sonidos, la mirada empezó a girar hacia unos intereses más antropológicos y científicos, comencé a relacionarme más con el entorno y mirar menos hacia dentro. Me empezó a interesar también trabajar en grupo, comencé a colaborar con grupos de performance y danza. Un día, una buena amiga, Trini Cutillas, me pidió una pieza de sonido para un trabajo de ‘action theater’ que desarrollaba en el entorno urbano. Utilicé grabaciones de campo mezcladas con una herramienta de Dj. Fue mi primera pieza sonora, realizada en 2014.
Munda es mucho más que un proyecto musical, muy ligado a tu investigación artística. ¿Cómo surge el proyecto?
Mis primeros trabajos sonoros partían de la grabación de campo (aún hoy día es la base de mi trabajo). Empecé a experimentar con la materialidad del sonido, me interesaba la fuente, lo más básico, el diseño sonoro desde lo más primitivo. Sin saberlo, me introduje en la música concreta donde la composición surge a partir de grabaciones de ambientes, ruidos e instrumentos que después son transformadas, editadas. No existe partitura previa. Recuperaba todo tipo de objetos para hacerlos sonar y los mezclaba con las grabaciones de ambiente para generar composiciones improvisadas en directo. En Galicia, tierra de brujas electrónicas, gracias al amigo Carlos Suárez, descubrí el ‘cacharreo low tech’, con el micrófono piezoeléctrico como herramienta base, el instrumento más democrático por su bajo coste de 1 €.
Bajo el pseudónimo Lilith, dediqué siete años a esta forma de experimentación, mientras leía sobre la historia de la música en la época de las vanguardias e iba descubriendo referentes. Así conocí mis grandes inspiraciones de la época, como Eliane Radigue, Pauline Oliveros o Pierre Bastien.
El proyecto Munda, más que un pseudónimo, es un entorno de trabajo que surge de la necesidad de ampliar el espectro matérico e improvisatorio en el que me movía y llevarlo hacia un formato más compositivo y colaborativo. Quería generar piezas cerradas con un principio y un final claros y una duración más cercana a los formatos publicables en vinilo o cassette. La memoria de la música de club y de sellos como Warp o Ninja Tunes, grandes influencias de los años 90 y principio de los años 2000, me llevaron a empezar a jugar con sintetizadores, cajas de ritmos y software digital. Había descubierto a Terry Riley, la pieza Drums de Laurie Spiegel y Music for Pieces of Wood de Steve Reich. Todo estaba girando. Con esta macedonia en los oídos, me sumergí en la composición de piezas de electrónica experimental sin un rumbo claro, con muchas ganas de experimentar en solitario y queriendo dejar también hueco a posibles colaboraciones, así surge Munda. Un mundo femenino, receptivo, abierto al cambio, sin direcciones claras, con ambiciones suaves y bidireccionales, donde el tiempo, la memoria y la identidad siguen teniendo un peso conceptual al igual que sucede en mi obra visual.
Ahora presentas Delia, tu nuevo álbum como Munda. ¿Qué nuevos mundos has explorado con este trabajo? ¿Cómo fue el proceso de creación?
Pues sí, Delia será lanzado al espacio virtual y en forma de cassette finalmente el 11 de noviembre en el sello Discrepant. Ha sido todo un viaje y me hace muy feliz este hito que consolida el recorrido de Munda como proyecto musical.
Con Munda comencé una fase de investigación que amplía la constelación de conceptos que venía trabajando anteriormente. Comienzo a estar más interesade en los estados de conciencia, en el trance hipnagógico, la distorsión del tiempo en el proceso de escucha. También en cuestiones más profundas de la identidad y la memoria como la relación con lo ancestral a través de las músicas antiguas, tradicionales y lo que supone su deconstrucción o adaptación a movimientos estéticos actuales. La ecología se convierte también en una temática transversal que antes no estaba presente. El diálogo con lo no humano pasa a tener un papel importante en las composiciones.
Delia fue compuesto en el año 2021. En ese momento comenzaba una exploración personal de las resonancias entre la música experimental y las prácticas sufíes. No se trataba de hacer música sufí ni de influencias directas, sino de escuchar aquellos elementos en los que el sonido parece activar algo que también está presente en la práctica sufí: la repetición como una forma de escapar del tiempo lineal; el drone como un espacio sonoro inmersivo que invita a la lentitud; el silencio como una presencia activa; la escucha profunda como una forma de conciencia; y el trance como un desplazamiento de la percepción que invita a la disolución del ego. El sonido se convierte en un medio en el que entrar, un espacio que habitar, más que algo que escuchar.
En cuanto al proceso de creación, Delia nace durante una residencia en Konvent, un antiguo edificio de monjas abandonado, situado en una colonia industrial abandonada de Cal Rosal, en el pre-pirineo catalán. El punto de partida fue un viejo órgano Yamaha Electone, algunas de cuyas teclas estaban rotas y un micrófono dinámico colocado delante del su altavoz. La salida de audio de línea producía un drone cambiante de ruido eléctrico. En lugar de corregir estas imperfecciones, decidí utilizarlas como materia prima.
El convento, sus suelos de barro cocido, los techos altos, las paredes cubiertas de mensajes ilegibles y las ventanas que vibraban con las bajas frecuencias, influyeron en la atmósfera de las piezas. En los alrededores de la residencia, atravesando una especie de desierto industrial en la antigua fábrica textil, tome muestras de fragmentos de vidrio, hierros oxidados y plásticos corrugados esparcidos por el suelo, que se convirtieron en baterías rítmicas que aparecen en la última pista.
¿De dónde surge el nombre?
Delia proviene del griego antiguo y significa ‘la que viene de Delos’. Delos era el nombre de una isla flotante en la mitología griega. Significa lo que se hace visible, manifiesto, lo que se revela. Es un guiño a la psicodelia, claro.
En Munda trabajas con instrumentos DIY y objetos sonoros, ¿puedes hablarnos de este proceso?
Durante un tiempo me dediqué a la Luthería Anarqueológica, como denomino el arte de construir instrumentos en la forma en que lo hago. Es una especie de Organología Experimental (o construcción de instrumentos raros), guiada por un interés arqueológico, que trata de desenterrar la memoria escondida de un lugar, y llevada a cabo mediante una metodología anárquica.
Durante más de 6 años trabajé en la composición musical desde una perspectiva DIY construyendo mis propios instrumentos o esculturas sonoras con materiales reutilizados del entorno, recolectando objetos abandonados o de uso cotidiano para utilizarlos como artefactos sonoros, fabricando circuitos electrónicosy utilizando motores u otro tipo de mecanismos que funcionan como fuentes de sonido o activadores para que otros elementos produzcan sonido. También he construido micrófonos de contacto, de aire y electromagnéticos para sonorizar los objetos; cables para que el sonido emerja de los instrumentos e incluso las mesas de mezclas y los altavoces. Un proceso de construcción que abarca toda la cadena de sonido, desde la generación de la onda hasta la difusión y la escucha.
Todos estos artefactos han sido la base de mi sonido y siguen formando parte de él aunque ahora no compongo con esta idea tan en el centro y utilizo muchos más instrumentos que compro hechos o que hacen amigues.
Además, en tus composiciones te sirves de grabaciones de campo, sintetizadores y herramientas digitales. ¿Cómo es tu proceso a la hora de construir una pieza?
La forma que mejor funciona para mide obtener inspiración es escuchando. Un posible comienzo de algo es la escucha de las últimas grabaciones de campo que he registrado. Mientras las ordeno y clasifico, dejo que un sonido me atraviese e intento identificar su sentido poético o simbólico. A partir de ahí comienzo a tocar encima, busco resonancias, simpatías con instrumentos acústicos o sintetizadores… o surgen ideas para comenzar un diseño sonoro. A veces simplemente entro al estudio con una idea en la cabeza y trato de sacarla, de hacerla audible. Es un proceso psicodélico, trato de manifestar algo que está oculto en mi psique.
En tu trabajo hablas de “escucha alquímica” y aparecen conexiones entre ciencia y magia, lo ancestral y lo contemporáneo o lo consciente y lo inconsciente. ¿Qué significa para ti esa forma de escuchar?
El estudio o taller artístico es una analogía del laboratorio alquímico, un espacio donde el artista se aproxima a estados meditativos y de transformación a través de la práctica, la investigación, la solitud… Ora et Labora. La escucha se acentúa permitiendo profundizar en procesos psíquicos, donde el inconsciente trabaja añadiendo capas de significado simbólico, como ocurre en los sueños.
Me gusta investigar las simbologías ocultas en la creación sonora. Qué significados aporta cada sonido, cada ritmo, tonalidad o harmonía. En este proceso dialogan antropología, psicología, ciencia, arte y magia. Siempre me han interesado los espacios liminales, las cuestiones en tierra de nadie, lo invisible o incognoscible; lo mágico, no como “un espacio teatral donde occidente mete todo lo que no entiende la razón”, como decía Claudia Rodriguez Pongo en una entrevista, sino como un espacio psíquico menos racional desde el que se activa la voluntad y una forma de relacionarse con lo no humano más allá de nuestras habilidades conscientes.
La alquimia se basa en los procesos de transformación. Alquimia es estar con lo volátil, quedarse en lo sutil, la espera, dejar al tiempo, la presión, la temperatura que actúen en el proceso lento para transformar la sustancia. Como comentan los amigos de Bureau of Listening: “la escucha es una herramienta alquímica, no porque convierta la materia en oro, sino porque altera estados, relaciones y formas de poder”. Escuchar de forma activa y profunda, transforma. Esto convierte la escucha en una forma de micropolítica. Cada vez más, la política es sobre lo micro, sobre lo que casi no se ve o es invisible. Y ahí entra lo mágico de nuevo, como el arte de hacer que el cambio ocurra de acuerdo con la voluntad. La magia como una práctica poética y libertaria, disciplina al servicio de la transformación de la especie humana hacia su siguiente etapa evolutiva para conocer y comprender otra forma de inteligencia, talvez más relacionada con lo vincular, pero eso ya es abrir un tema muy extenso. No se si logro hacerme entender, es muy difícil hablar de estas cosas.
En la música de Munda encontramos referencias a las culturas tradicionales mediterráneas y a la herencia sufí presente en nuestra cultura. ¿De dónde viene tu interés por estos sonidos y cómo los llevas a la electrónica experimental?
El interés viene de las lecturas y prácticas personales que resuenan con las prácticas sufíes desde lo intuitivo. No pretendo dar a entender que conozco en profundidad el sufismo, ni que lo práctico de forma rigurosa o algo así. Para mi son resonancias, no me interesan los dogmas de ningún tipo. Tampoco me acerco a las antiguas filosofías y culturas musicales desde perspectivas analíticas y teóricas. Lo hago desde el oído y la intuición, me atraen ciertas sonoridades y me acerco a ellas, no trato de imitarlas, sólo las acojo, dejo que me atraviesen y trabajo desde esa resonancia. La electrónica experimental es el único lenguaje que conozco en profundidad, que considero mío, que siento que controlo suficientemente para satisfacer mis inquietudes compositivas. Es el lenguaje que considero más representativo de esta época que vivimos.
Vives entre Berlín y Blanca, en el Valle de Ricote, dos lugares muy diferentes. ¿Cómo influyen estos dos contextos en tu forma de trabajar? ¿Está Blanca presente de alguna manera en Delia?
Delia es un álbum muy meditativo y sí, Blanca tiene un rol muy importante en la forma en la que fue creado y su estética. En Blanca vivo en el campo, me relaciono con árboles, tierra, frutos, flores, salamandras, arañas, abejas, lechuzas y otros tipos de seres además de humanes querides y familia. Los vecinos están lejos, puedo hacer ruido, sonar fuerte si lo deseo, me siento libre, camino mucho por entornos donde no me cruzo con humanos y todo esto es un cotidiano. Vivir así me conecta mucho conmigo misma, es fácil acceder a la introspección, esto favorece mucho el proceso creativo generalmente, aunque a veces todo se vuelve demasiado profundo, me canso de mi misma y necesito subir a por aire y volver a la superficie.
Berlín es superficial en el plano vincular y muy profundo en lo artístico, a juicio personal. En Berlín hay muchas personas que identifico como iguales, me siento en casa, cualquiera puede estar más loca que yo (risas). Es un lugar muy cinético, muchas cosas pasan al mismo tiempo, especialmente en el campo de la música experimental, la escena es amplia y muy intensa. La ciudad es muy verde y allí también ando mucho. Es muy estimulante y aprendo mucho de sonido y de formas de vida, el intercambio con les humanes es muy rico, me nutre mucho y además tengo grandes amigues que llenan mucho mi vida y me gusta visitar. Por otro lado, hay un elevado síndrome de Peter Pan y es una ciudad con la que hay que saber relacionarse de forma sana o te devora.
Además de tu trabajo como artista, diriges Rota, estás detrás del sello Aldarrax y formas parte de AADK Spain. ¿Qué importancia tiene para ti crear espacios, festivales y redes para otros artistas?
Mi compromiso con este trabajo viene de ser un artista residente en una región periférica, casi invisible en los circuitos en los que me gusta moverme. Para acercarme a esos circuitos o acercar esos circuitos al territorio que habito, me he visto abocado a organizar saraos y gestionar plataformas donde invitar a la gente que admiro. Este trabajo de curaduría y gestión tiene una función pedagógica y descentralizadora, lo considero casi una forma de activismo para conectar lo local con lo global.
En este momento, estoy en pausa con el festival Rota y con el sello, ocupan una buena parte de mi tiempo y necesitan mucha energía que ahora quiero invertir de nuevo en mi trabajo. Sigo trabajando muy activamente con la plataforma AADK, me parece un proyecto imprescindible en la región, y es una antena gigante que atrae a gran cantidad de seres maravillosos que quieren, incluso necesitan, retirarse fuera de las ciudades para crear. Considero vital la existencia de espacios como el Centro Negra para la expansión de una conciencia más ecológica y vincular.
Después del lanzamiento de Delia el 11 de noviembre, ¿qué viene ahora? ¿En qué nuevos proyectos estás trabajando y hacia dónde te gustaría llevar Munda?
Estoy explorando nuevas sonoridades y metodologías. Tengo muchas ideas y sueños musicales: quiero hacer músicas orgánicas ritualisticas con instrumentos acústicos simples y mucha aleatoriedad; quiero trabajar en composiciones electrónicas complejas utilizando samples de objetos y materias naturales en combinación con sonidos sintéticos y digitales, una especie de dub abstracto super-terráqueo que te conecte con lo cósmico; quiero componer músicas de repetición radical con órganos antiguos y el uso de bucles y retardos. Todo esto son músicas que sueño y que empiezan a existir en bocetos.
Tengo algunos proyectos en dúo: Con la gran amiga Severine Beata (Marta) sacamos disco como Baladre en el sello Telegrama para diciembre. Estoy en un proyecto de musica contemporánea con el percusionista Andrés Navarro. Y en paralelo, planeando residencias y proyectos de curaduría muy estimulantes.
Pero lo que más deseo es seguir rodeado de bellos seres y ser persona, lo que quiera que eso signifique.