Felix Blume. Enjambre/Essaim
Del 4 septiembre al 2 de octubre
Centro Párraga
Comisariado por Belén Vera (Efímera)
La instalación sonora Enjambre (Essaim) del artista francés Felix Blume está compuesta por 250 pequeños altavoces, cada uno reproduciendo el sonido de una abeja volando. Suspendidos en el
espacio, estos dispositivos crean un paisaje vibratorio que invita a una experiencia de escucha que va del murmullo colectivo a la delicada voz individual. Al recorrerla, el visitante puede acercarse a estos pequeños seres, percibir la sutileza de sus movimientos sonoros y, por un
instante, formar parte del enjambre.
Este proyecto de Félix Blume nace de una inquietud que atraviesa muchas de sus obras: la fascinación por la multitud y el deseo de explorar cómo un grupo está hecho de múltiples
individualidades. “Es la idea de componer con la multitud, de pensar dentro de un grupo cómo está formado por individuos y cómo podemos escuchar la singularidad de cada uno al mismo tiempo que el conjunto”, explica.
Así, Enjambre (Essaim) prolonga un camino que el artista ya había iniciado con proyectos como Rumores del Mar, donde instaló 150 flautas en el agua en Tailandia para que el visitante pudiera
escuchar tanto cada instrumento como el coro total, o con Grillos de Sueños en Chile, trabajando con niños que criaban grillos, uniendo la observación científica y la escucha sensible.
La pieza comenzó con un desafío técnico y poético. Cómo aislar las voces del enjambre para después recomponerlo, haciendo audible tanto lo individual como lo colectivo. En la fase de preproducción, el equipo construyó un estudio especialmente diseñado para grabar abejas mientras se alimentaban, un proyecto que involucró la complicidad del apicultor Dominique Hardouin y su colonia de abejas. “No era algo que pudieras buscar en internet, tuvimos que
inventarlo. Hicimos una caja suficientemente grande para que pudieran volar pero lo bastante pequeña para mantenerlas cerca del micrófono, con soportes con flores, agua azucarada o miel para provocar ese movimiento de búsqueda”, cuenta Blume. El objetivo era registrar el zumbido único de cada abeja en ese pequeño viaje, evitando grabar a aquellas que estaban demasiado quietas o, al contrario, demasiado inquietas y estresadas.
Tras varias sesiones, grabaron unas 600 abejas, de las que seleccionaron alrededor de 250 registros. “No hubo una selección estética, no era escoger el zumbido más bonito, sino más bien
una escucha atenta para entender sus ánimos, sus comportamientos, y decidir si grabarlas o no”, explica el artista. El proceso reveló algo fascinante: “Había momentos en que parecía que el
humor del enjambre pasaba de una abeja a otra. Si una pasaba cinco o seis minutos alimentándose tranquila, muchas veces la siguiente hacía lo mismo. Si una estaba nerviosa, la que venía detrás también. Como si existiera un estado de ánimo colectivo.”
El resultado es Enjambre (Essaim), una instalación que reconstruye ese enjambre con 250 pequeños altavoces suspendidos, donde el público puede moverse y aproximarse a cada uno para descubrir la vibración singular de alguna de esas abejas, escuchar su canto, su murmullo, su
agitación. Es posible percibirlas como una multitud o detenerse en un solo individuo, sentir cómo suena la complejidad del enjambre. “Quizá la escucha pueda ser un primer paso para considerar al otro, para comprender y cuidar”, reflexiona Blume. “Muchas veces tenemos miedo de lo que no conocemos, y detenernos a escuchar puede ayudarnos a perder ese miedo.”
Así, Enjambre (Essaim) no solo abre un espacio sonoro, sino también un espacio de reflexión sobre el mundo que habitamos y compartimos. Al situarnos entre estas pequeñas obreras
invisibles, al reconocernos en su vulnerabilidad o en su fuerza colectiva, la instalación nos invita a repensar nuestra relación con quienes compartimos el mundo, sean humanos o no humanos.
“Depende de cómo entendamos lo político: si lo ampliamos para incluir lo ecológico, lo social, lo colectivo, lo invisible y lo vulnerable, entonces sí, Enjambre (Essaim) es una obra política”, afirma Blume. Más allá del instante de escucha en la sala, la obra busca que ese estado de atención permanezca cuando salgamos de ella, invitándonos a percibir de otra manera el espacio que habitamos juntos.
La instalación sonora irá acompañada por imágenes que registran el delicado proceso de escucha y grabación con las abejas, abriendo al público una ventana al detrás de escena y enriqueciendo la vivencia de la pieza.
Belén Vera