Entrevista a Alejandro Hermosilla

Autor del texto curatorial de la exposición "El arte de lo efímero. Gotas de eternidad" celebrada en Efímera del 3 de octubre al 19 de diciembre de 2025.

Entrevista a Alejandro Hermosilla

Aquí dejamos la entrevista realizada a Alejandro Hermosilla, encargado de escribir la introducción del texto curatorial de la exposición El arte de lo efímero. Gotas de eternidad. Su aportación, situada entre la literatura y la reflexión crítica, abre una mirada sensible sobre el tiempo, la fragilidad y aquello que permanece incluso en lo que está destinado a desaparecer.

Alejandro Hermosilla es doctor europeo en Literatura Comparada por la Universidad de Murcia. Ha impartido clases y conferencias en Bulgaria, Estados Unidos, México y España, y es autor de distintos ensayos sobre narradores como Abel Posse, Ernesto Sábato, Sergio Pitol o Mario Bellatin. También ha publicado las novelas Martillo (2014), Bruja (2016), El jardinero (2018) y Un reino oscuro (2022).

Además, escribe con regularidad sobre cine, literatura, música y cultura visual en su blog Avería de pollos, y publica dos vídeos mensuales en su canal de YouTube del mismo nombre. Esa combinación de pensamiento, sensibilidad y mirada propia también se refleja en el texto que ha preparado para esta exposición, concebido como una invitación a acercarse a lo efímero desde nuevos lugares.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en la escritura y qué experiencias te marcaron para convertirla en tu forma de expresión?

Desde pequeño escribía historias en cuadernos. Eran historias abstractas sin sentido pero no podía dejar de escribirlas. Creo que eso en parte ya marcó mi vocación porque mi madre se sentía fascinado por su hijo pequeño que no cesaba de escribir. A veces, de hecho, escribía porque me sentía cómodo escribiendo. Sin ningún interés en contar nada. De niño también me fascinaba un libro encuadernado en pasta azul que me dejo una duradera impresión. Me refiero a "El conde de Monte cristo". Toda la historia de la cárcel me hacía pensar y pensar. Tenía la impresión de que Edmundo Dantés era más libre en una cárcel que en la vida cotidiana.

¿Hubo un libro, un autor o una vivencia que encendiera la chispa de tu vocación literaria?”

El hecho crucial para que me considerase a la literatura la actividad esencial de mi vida sería la lectura de "Crimen y Castigo" a los 15 años. Después de leer ese libro sólo tenía una cosa clara en mi vida. Que no me separaría nunca de los libros y que Dostoievsky había llegado más lejos en retratar el alma humana que ninguna persona conocida.

Además deDostoievsky, también recuerdo de un modo especial la lectura de "La metamorfosis" de kafka a los 17 años. Recuerdo leer el relato de Kafka y sentir tal grado de angustia que logré olvidarme de mí mismo y mis problemas de entonces. También fueron muy importantes los cómics en mi vocación. De pequeño siempre estaba comprando cómics y caí fascinado con la llegada de grandes autores al medio. Por ejemplo, la etapa de Walter Simonson en Thor me dejó sin habla de pequeño. Lo que hizo Walt en Thor fue portentoso. También la etapa de Byrne en los 4 Fantásticos me marcó Posteriormente la lectura de los clásicos de Frank Miller y Alan Moore me dejó también atónito. Lo que pasa es que esos autores eran tan buenos que al mismo tiempo que encendieron la mecha literaria la apagaron un poco porque no me sentía capaz ni en cien vidas de escribir algo parecido a "Watchmen", "El jugador", "V for Vendetta" o "El proceso".

¿Qué temas o imágenes sientes que vuelven una y otra vez a tu escritura, casi de manera obsesiva?

Los jardineros aparecen casi siempre. Los jardineros son los funcionarios de mi mundo artístico. Son seres repugnantes muy complejos y ambivalentes. En gran medida, son los funcionarios del horror. Están siempre podando las flores de la belleza y el amor para que reine la confusión y la atonía. Son seres sin valores que dominan en una sociedad sin valores. Hasta ahora siempre he escrito de personas que pierden la cabeza o se encuentran en situaciones límite. Siempre vuelven en mi escritura los temas de la locura, el odio y el engaño que son los motores de la sociedad de consumo bajo mi punto de vista. No obstante, confío que poco a poco vayan desapareciendo para abrirme a otros temas y puntos de vista.


En tu blog “Avería de pollos” (enlace a su blog) abordas literatura, cine, música, arte, incluso deporte. ¿Qué significa para ti escribir desde esa amplitud cultural, sin jerarquías?

Quiera o no quiera, soy un hijo de la cultura de masas. No sólo crecí con los libros sino con la radio, la televisión, las máquinas recreativas y los primeros ordenadores. Crecí leyendo cómics, libros de Dumas o Verne y viendo partidos de fútbol y escuchando grupos de pop y heavy. También en cine combinaba de manera natural filmes enormes como "Apocalipsis now" o "El padrino" con otros de consumo más fácil como los típicos de Stallone o Chuck Norris. En mi mundo no había muchas diferencias entre lo culto y lo popular. Me daba cuenta de que había obras superiores a otras. Sabía que "El cazador" era mucho mejor que "Comando" pero en mi mundo podían convivir perfectamente con algunas obras de Mozart o los discos de W.A.S.P. , la míticas voleas de McEnroe o los animalescos despejes de Migueli. Así que para mí escribir sobre todos esos temas es simplemente ser fiel a lo que he vivido y a lo que soy. No hay más detrás de eso. En ese sentido, conecto totalmente con la visión de la cultura, el rock y el arte que tiene una revista única que me ha servido de inspiración y faro en muchos momentos. Me refiero a la Popular 1 donde hablaban con tanta fluidez de un disco de Scorpions o de Prefab Sprout que de Klaus Kinski o Stephen King o un serial killer.


También en tu blog, se ha visto reflejado el Camino que has hecho a Santiago. Qué ha supuesto para ti hacer este camino? Qué crees que ha aportado a tu mirada artística?

Contesto esta entrevista tres días después de haber terminado el Camino de Barcelona hasta Finisterre. Tres días atrás estaba contemplando un mágico amanecer en Finisterre y ahora mismo estoy en casa de un amigo en un pueblo de Galicia donde no hay censados más de 10 habitantes. Quiere esto decir que todavía es muy pronto para decir lo que ha representado este Camino. Sí te puedo decir desde ya que sin dudas ha sido uno de los tres viajes de mi vida. Una experiencia demoledora, regeneradora, inmensa, creativa, dura, espiritual. Es pronto para hablar de ella. Cuando vuelva a La Manga he prometido terminar de narrarla en averíadepollos. Es una promesa sagrada. Lo haré sí o sí. Creo que cuando termine de narrar esta mágica experiencia estaré en mejores condiciones de responder esta pregunta. Sí te puedo decir que sobre todo me ha nutrido de un modo personal. No sé si a mi mirada artística. Supongo, eso sí, que habrá más compasión y amor en futuros escritos porque el Camino te pone a prueba pero también te enseña a calibrar y valorar lo mejor de cada persona y experiencia que encuentras.


Para la publicación XYZ de Efímera colaboras con un pasaje de tu nuevo trabajo, un texto que conecta guerras, batallas, literatura y arte. ¿Qué te llevó a explorar esta intersección y qué deseas revelar a través de ella?

Prefiero no hablar mucho de libros que no se han publicado. Pero sí te puedo decir que ha habido momentos en mi vida que el mundo del arte casi me hace odiar el arte.Eso mismo puedo decir del mundo de la literatura. Y bueno, en este escrito en concreto se puede vislumbrar lo que digo a través de un escrito (ficticio) sobre uno de los personajes más polémicos, geniales, excesivos y enigmáticos del arte del siglo XX como es el caso de Marcel Duchamp. Alguien que refleja perfectamente los engaños a través de los que se desarrolla y desenvuelve el comercio artístico. También el prestigio.


Tus textos parecen escritos con una mirada plástica, casi pictórica. ¿Cómo dialoga la literatura con el arte visual en tu obra?

Hay quienes dicen que al leerme pareciera que están escuchando una canción. Creo que no tiene mucho misterio. Amo la pintura y la música y de un modo u otro eso supongo que se refleja en mi manera de escribir.


En tu literatura se percibe un espíritu que, desde el territorio de lo simbólico y profundizando en lo abstracto, parece acercarse a la realidad contemporánea aunque haciéndolo más allá de lo meramente descriptivo o empírico, más allá de lo concreto. ¿Sobre qué aspectos de la realidad actual y tangible podría decirse que discurre tu escritura?

Creo que mi escritura se ocupa sobre todo de la manipulación contemporánea, de las trampas del poder, de la esquizofrenia social y política, de la locura individual y colectiva. Mi escritura se ocupa de la enfermedad diaria y de las neurosis galopantes que han convertido la frivolidad en un derecho y un deber y la verdad en un despojo malherido. Lo que ocurre es que lo hago a través de metáforas y símbolos que a veces ni yo mismo logro descifrar y terminar de aclarar del todo y con un lenguaje a veces preciosista y simbolista y otras iracundo y poético y eso puede despistar al lector. Mi mayor anhelo es que mis historias me sobrevivan. Probablemente ninguna lo haga. Pero ese es el motivo por el que me ocupo de la realidad como si fuera una fábula o un cuento romántico de terror. Porque aunque me refiero al siglo XX y al XXI quiero que mi escritura sea lo suficientemente simbólica para ser atemporal. Algo imposible, ya lo sé. Pero al menos eso es lo que intento.


En el texto para Efímera hablas de lo efímero y lo eterno. ¿Cómo entiendes esa tensión en la escritura, donde todo parece destinado a permanecer pero también a desvanecerse?


Creo que esa tensión es consustancial al ser humano. Todos tenemos un ansia de permanecer y de eternidad que se ve frustrado por nuestra mortalidad. Ahí radica, como es bien sabido, parte de la tragedia humana. Por eso es importante aceptar que somos perennes para no caer en insulsas e innecesarias neurosis. Otra cosa es lo sagrado. Que sería un intento de vincular lo eterno y lo efímero y perenne. En ese sentido, es importante un arte que de algún modo recupere esa fuerza sacra que a veces se corresponde con lo religioso y otras con lo chamánico y ritual. Creo que lo sacro, los rituales son el modo más trascendente de vincular nuestra mortalidad con nuestra ansia de eternidad. Por eso duelen tanto los artistas que buscan el interés, el dinero, mentir. Porque el arte es una vía para convertir lo efímero en trascendente.


¿Qué otros autores, artistas o cineastas han marcado de manera decisiva tu forma de sentir?

Sin duda, Franz Kafka, Dostoievsky y Thomas Bernhard. El austriaco ha sido durante muchos tiempo mi escritor favorito por su capacidad de transformar en una incendiaria comedia los avatares del día a día. También por muchos motivos más como, por ejemplo, su escritura cortante parecida a una sierra capaz de hacer de cada frase una cadena de odio y horror. Un vendaval. También, claro, citaría a Lautreamont. Los cantos de Maldoror es un libro único que nunca me canso de leer. Por supuesto, es imposible obviar al maestro de maestros que es el gran Cervantes. Eso en cuanto a literatura. En cine creo que los que más me han marcado han sido Tarkovski, Buñuel y Pasolini. A este último lo considero el más grande artista del siglo XX. El último profeta de nuestra era. Todo lo que ha dicho Pasolini sobre nuestra sociedad se ha ido cumpliendo y ha sido exacto.

¿Cómo imaginas tu evolución como escritor? ¿Hacia dónde se dirige tu escritura en los próximos años?

Supongo que cuando termine de publicar los dos o tres libros sobre odio que tengo escritos o tal vez antes, iré adentrándome en terrenos más espirituales y bondadosos. Los averías que estoy realizando sobre el Camino de Santiago pueden dar pistas de por dónde evolucionará mi escritura. No lo sé.. Supongo que poco a poco iré apartándome del odio que es un tema que creo que ya me ha dado todo lo que me podía dar. ¿Quién sabe? A lo mejor se publican antes algunos libros de amor que algunos de odio que ya tengo terminado. Nunca se sabe. Es bueno tener una dirección pero no saber del todo hacia dónde uno va. La vida si es vida y el arte si es arte siempre nos sorprenden.