José Coy
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José Coy estudió Filología Inglesa y ha residido y trabajado en países como Inglaterra, Argelia y Lituania, donde comenzó a fotografiar de manera autodidacta. Es autor del poemario Perdona que sea casi todo y un cinéfilo voraz, actividad que le ha llevado a ejercer ocasionalmente como crítico en distintos medios. Aunque su interés abarca todas las artes, siente una especial afinidad por la literatura y la pintura.
Curioso por naturaleza, siempre ha buscado comprender el mundo en un sentido amplio. Se reconoce seguidor de la filosofía de Tarkovsky y también encuentra influencia en el universo de David Lynch, así como en la quietud sugerente de Edward Hopper o en la vitalidad cromática de Alex Webb. Desde 2016 se considera un fotógrafo de vocación “espiritual”.
En Nocturna, José Coy vuelca su mirada introspectiva en una serie nacida de sus vagabundeos al anochecer durante un largo periodo de silencio creativo tras el nacimiento de sus hijos. Con solo un móvil y una linterna, registra fragmentos de luz, sombras y presencias mínimas que funcionan como metáforas de la quietud, la ausencia y el propio tránsito emocional que atraviesa.
“Soy la sombra de un reflejo, destino de tiniebla
y alarido, me desplazo entre las cosas proyectado
por el roce de entelequias y arquetipos, paradigma
palpitante todo yo, huella sin dueño; piedra sin brazo.
Soy madeja frágil de suspense y evidencia del engaño;
voy del barro al agua cenagosa de la ausencia
en este invierno de las cosas, me resbalo sin tocarlas
ni entenderlas, como un torpe aleteo de libélula.
Apuesto por un mar de efervescencias y matices de color
frente a la sombra; me rodeo de texturas elegidas al azar
por algún dios o por empeño de creador de realidades.
Allí conecto los momentos y los tiempos; modelo
perspectivas y retratos; anulo límites de bruma y apariencia
que reducen el grosor más esencial. ¡He sido feliz!
¡Me acuerdo todavía! Nada es bastante. Todo es vacío
y rosa y espejismo y mármol agrietado por los seres
intuidos, vivos ahora por la obra irrepetible de un milagro
impenetrable. ¿Seré algo más que un leve soplo
de incoherencia y prisa? Pregunto al aire, al astro
y al reloj de mis sonrisas y descuidos. ¿Y mientras tanto?
Se está escapando, tu vida, se está escapando.
Ya no hay peligro. Ya me he marchado.”
José Coy