Mario Rubio

Artista visual

Mario Rubio

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Desde niño, Mario Rubio (Cuenca, 1965) aprendió a transformar los objetos cotidianos en símbolos capaces de abrir puertas a lo imaginario. Esa temprana fascinación por dar un nuevo sentido a lo banal ha marcado toda su trayectoria artística, desplegada entre la pintura, la fotografía, la instalación y la experimentación colectiva.

Su obra habita un territorio liminal entre lo cultural y lo natural, entre lo material y lo simbólico. En lo que él mismo llama sus “juguetes del Antropoceno” —objetos encontrados, resignificados y envueltos en narrativas propias— late una reflexión sobre la fragilidad, el miedo y la fascinación que definen la experiencia contemporánea. A través de ellos construye pequeñas arquitecturas poéticas que cuestionan la linealidad impuesta por la realidad, proponiendo en su lugar una red de senderos donde caben el deseo, la contradicción y la imaginación.

Durante más de tres décadas como docente en secundaria y bachillerato, Rubio convirtió la pedagogía en otro de los ejes centrales de su trabajo. Con sus alumnos desarrolló más de un centenar de instalaciones y más de cuatrocientos trabajos audiovisuales reunidos bajo el Colectivo La Grillera, fundamentales en la memoria visual de varias generaciones jóvenes. De esa experiencia también surgió Tresalcubo, junto a Miguel Gallego y Paco Vico, donde arte, música y educación se entrelazaban para abrir nuevas narrativas.

En paralelo, ha mantenido una sólida trayectoria expositiva. Tras formarse en Historia y Bellas Artes en la Universidad de Castilla-La Mancha, presentó su obra en galerías como Juana Mordó, Helga de Alvear, Estampa o Fúcares, participando en dos ediciones de ARCO. Ha expuesto en espacios como el Espacio Yesqueros de Murcia y colaborado en proyectos colectivos como La Fragua o la Galería T20 de Murcia, con instalaciones que combinan lo pictórico, lo conceptual y lo situacionista.

Hoy, Mario Rubio continúa explorando los materiales pobres y los residuos como metáforas críticas y poéticas. Para él, el arte es una forma de abrir “caminos secretos en la árida llanura de la realidad”, espacios de resistencia donde la fragilidad y el juego se convierten en motores de creación.